viernes, 10 de octubre de 2008

Después del mes de la Patria

Y se fue Septiembre. Y con él, la chicha y las empanadas, la cueca, el baile, las fondas; también las celebraciones posteriores: el 18 chico y el más chico. Se acabó el alegre ambiente, los volantines y el encuentro de todos los que habitamos este País. Se acabó la fiesta.

Y la verdad, es inevitable preguntarse qué es lo que estamos celebrando.

El sentido original de esta celebración, es conmemorar a tantos hombres, héroes, grandes chilenos (aunque no estén todos para la votación), que en un determinado momento decidieron hacerse cargo de su país. Primero, apostando por convertirlo en SU propio país, y no en la última colonia de un gastado imperio en Europa, y luego por darle a ese lugar un destino propio: con sus propios proyectos y esperanzas, en los cuales cupieran TODOS aquellos nacidos en esta tierra, que hasta entonces habían sido marginados de la participación en su propia Patria.

Luego y por extensión, en esta fecha se celebra también a todos aquellos hombres y mujeres que a lo largo de nuestra historia han apuntado en la misma dirección: terminar con las injusticias y segregaciones, apostando a construir un hogar común al cual llamar Patria. Así, políticos e intelectuales; artistas, poetas y músicos; guerrilleros y evangelizadores; sabios hombres cargados de experiencia junto a la fuerza arrasadora de la juventud; famosas caras y anónimas espaldas: TODOS.

Y es precisamente eso lo más terrible luego de sacar las cuentas al terminar este mes: y es que esta conmemoración, la hemos convertido en un espacio para anestesiarnos de lo que realmente ocurre. Luego de despertar de los efectos de la fiesta y la chicha el panorama es complejo: ad portas de una elección municipal, contamos con la partipación histórica más baja de los jóvenes en política; aún existen cientos de campamentos, y la pobreza parece destinada a acompañarnos hasta el fin de nuestra historia; un sistema de transportes que iguala a personas con animales de carga subidos en un camión; una competencia entre nuestros grandes próceres (qué orgullosos estarán de nosotros: ellos luchando por el bien común, y nosotros los ponemos a competir entre ellos), y el duro olvido para aquellas espaldas y manos anónimas que siguen cargando con toda nuestra injusticia y discriminación.

Estamos a 2 años del bicentenario, y yo me pregunto: ¿Tenemos realmente derecho a celebrar?

domingo, 7 de septiembre de 2008

¿Y el hombre dónde está?

Nuestra juventud ha heredado un mundo difícil. Vivimos en un país marcado por grandes orgullos y enormes avances, pero a la vez por profundos dolores que dejan profundas cicatrices en nuestra patria. Avanzamos a paso gigante en la escala internacional: baja corrupción, una economía estable, una institucionalidad firme, grandes avances urbanísticos. Todo ello habla de un país que florece, acercándose a paso decidido hacia el desarrollo.
Sin embargo, se trata también de un país de contrastes. La marginación, la pobreza, la exc
lusión y el clasismo se hacen presentes con igual fuerza que los puentes y carreteras. Así, parece ser que no todos podemos respirar con igual orgullo cuando en nuestro himno se entona aquello que habla de Chile como esa copia feliz del Edén.


Es en este mundo donde los jóvenes hemos venido a caer. Y aún con todos nuestros defectos y pequeñeces, hemos debido como generación, dar respuesta a esta realidad. Así distintas iniciativas sociales han surgido desde los más jóvenes para hacerse cargo de la injusticia y el dolor humano que se engendran en nuestro país. Desde la entrega de desayunos, hasta la construcción de mediaguas, pasando por las misiones, los proyectos culturales y muchos otros proyectos, nos hemos ido haciendo cargo de la construcción de nuestra patria.


Pero a pesar de esto, aún tenemos una deuda pendiente. Nos hemos “acomodado”, y para evitar que otras posturas distintas nos saquen de nuestra cómoda cotidianeidad, hemos optado por dejar de involucrarnos realmente con otros. Así, nos convencimos que aceptar que existan los pokemones, las pelolais y otras tribus urbanas nos hace pluralistas, pero ¿cuánto hacemos por comprender realidades realmente distintas? ¿Cuán dispuestos nos hemos mostrado en rescatar esa pizca de verdad que toda posición contiene?

Es así que todo esto se traduce en una inevitable consecuencia: no sabemos construir en diversidad. No nos dejamos afectar por la realidad de tantas otras personas que al igual que nosotros tienen una mirada particular y propia de nuestro país. No la reconocemos con una visión válida, y por tanto caemos en una lógica que excluye a los diferentes, y que no permite construir algo en común.


Bien lo preguntaba Pablo Neruda en sus alturas de Macchu Picchu. “Piedra en la piedra, ¿y el Hombre dónde estuvo?”.

Así nosotros hacemos lo mismo: mediagua sobre mediagua, campamento sobre campamento, seminario sobre seminario, desayuno sobre desayuno, misión y misión. Pero este trabajo, ¿incluye o no a los hombres que se ven beneficiados por él? Tal como nosotros debemos ganarnos un puesto en la sociedad, con nuestros trabajos y actitudes ¿dejamos espacio para que todos los hombres participen de esta construcción, o simplemente los seguimos sepultando debajo de nuestras mediaguas y construcciones?


La pregunta de fondo es una: ¿Al hombre, dónde lo estamos incluyendo?

viernes, 4 de julio de 2008

El video de la semana

"Paciente muere esperando en hospital de EEUU"

"Una mujer de 49 años agonizó en el piso de un hospital de Nueva York, tras esperar 24 horas por una cama."
Mientras agonizaba, se puede ver como personas la miran sin hacer absolutamente nada. Para cuando otros pacientes se ocupan de ella, ya era demasiado tarde.

Me quedo sin palabras viendo estas imágenes,
¿Cómo es que llegamos a ser capaces de tal indiferencia ante el sufrimiento humano?
El padre Hurtado dijo
"nada humano me es ajeno" esa es la frase de estos trabajos, y que distinto sería todo si es que la tuviéramos siempre presente, pero acá podemos ver exactamente lo contrario.
Quizás nunca vamos a querer llegar al extremo de dejar a una persona morir frente a nosotros, mas hay otras formas de indiferencia, menos claras pero aún así enormemente dañinas.

¿Cuándo nos hemos quedado indiferentes? ¿cuándo lo humano nos ha sido ajeno?


(fuente: emol)

domingo, 29 de junio de 2008

Sabías Qué... Lo llevamos en los genes


Sabían qué ...

En un estudio realizado en la Universidad de Nebraska en EE.UU, por el cientista político John Hibbing, se estableció que los genes tendrían bastante influencia en el comportamiento político de las personas. Así, su estudio establece que las preferencias políticas y la disposición a participar de la misma, o hacer donaciones a campañas, estarían sujetas entre un 40 y un 60% a factores genéticos.

Este estudio se suma a muchos otros que buscan explicar distintas conductas humanas que vendrían determinadas por "herencia" ... el problema, a mi modo de ver, es que dichas explicaciones no dejanm mucho espacio a la libertad humana ..

... así, ¿será que somos "genéticamente" apolíticos? ¿Será que la apatía de los jóvenes por votar se debe a causas biológicas?

o quizás los paros, la violencia y la falta de capacidad de diálogo demostrados en las últimas discusiones públicas (la píldora y la educación) sean también culpa de los genes...

... Al final es una buena noticia. Ahora podemos dormir tranquilos ...y culpar a nuestros padres, por no habernos hecho "genéticamente correctos"...


Si quieres leer el estudio pulsa aquí

lunes, 9 de junio de 2008

Sabe UD? ... porque yo no...


Si iniciáramos una encuesta rápida, la mayoría de las personas desaprobarían la violencia como medio para alcanzar determinados fines...

Cuándo se le pregunta a la autoridad, esta dice que NO va a responder a presiones...

Cuándo se le pregunta a los que asisten a movilizaciones, nunca saben quien demonios son los encapuchados que inician la violencia (pero nunca es uno de ellos) ...

Cuándo se le preguntó a los pingüinos hace 2 años que querían, dijeron que cambiar la LOCE...

Cuándo se le pregunta a los estudiantes actuales que quieren, quieren eliminar la LGE (y por lo tanto, ¿volver a la LOCE?)

Cuándo se le pregunta a otros estudiantes (algunos universitarios) qué es lo que quieren, quieren pelear por el alza de sus aranceles, por obtener ciertos beneficios (pase escolar, etc)

Cuándo se le pregunta a los profesores qué es lo que quieren, quieren una mejor educación pública

Cuándo me pregunta a mi QUÉ QUIEREN LOS ESTUDIANTES, Y POR QUÉ PARARON... sinceramente no entiendo nada...



¿Qué quieren los estudiantes? ¿Se justifica el paro? ¿Hay otras formas de lograr objetivos? ... Si sabe usted alguna de estas respuestas, POR FAVOR COMPARTA!

jueves, 5 de junio de 2008

El video de la semana


Masivas Marchas estudiantiles

Inevitable es recordar las marchas del 2006, cuando vemos a miles de estudiantes (4.000 aprox. el miércoles pasado) saliendo a marchar por su educación, pidiendo entre otras cosas el veto de la LGE (Ley General de Educación) y el fin al lucro en la educación . Pero hoy la idea no es discutir el petitorio mismo (lo dejo para otra discución en un par de días más) sino el hecho de las marchas mismas
¿logran realmente algo?
muchos piensan que simplemente son la oportunidad para que aparezcan los infaltables encapuchados, y que lo único que se logra hacer es deslegitimizar el movimiento dando la imagen de que simplemente son escolares que quieren perder clases.
Por otro lado, se le atribuye a las marchas el hecho de que se le quitara el carácter de urgencia a la LGE (lo que causó bastante descontento por parte de la alianza).
¿qué creen uds? ¿salir a las calles es una forma de hacerse escuchar y lograr lo que se pide? si su respuesta es no ¿qué método alternativo proponen?
(Hagan click en la foto para ver el video)