jueves, 20 de diciembre de 2007
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Sole Del Villar
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martes, 11 de diciembre de 2007
DE LA ZANCADILLA DEL VIEJO PASCUERO AL AMIGO SECRETO
Le quebró los dientes. De una sola zancadilla, el Viejo Pascuero terminó una discusión con el Amigo Secreto. ¡Quién dijo que el Viejo Pascuero no existe! Justo a la entrada de la iglesia de Santa Inés, en la misma Piazza Navona donde la semana pasada se agarró a chopazos con otro Viejo Pascuero, otra vez Santa Claus ha recurrido a la violencia para defender su trabajo. Y dicen que no existe, ¡si hay tantos!Tantos y ninguno: todos iguales, la pura división de lo mismo. En otros tiempos, era raro encontrárselo. Había que asomarse al balcón, buscarlo entre las estrellas, las chimeneas, seguro que pronto pasaría… “¿Cuántos perros tiene el Viejo Pascuero?”, pregunta un niño en el microbus. Y se ríe. El escepticismo cala en la infancia. Al niño le importa un rábano que sean siete o dos, perros o bueyes. Ironiza de nuevo: “¿cuántos perros tiene el Viejo Pascuero?”. Los pasajeros también ríen. A todos da lo mismo el número, los ciervos, la nieve... “¿Cuántos perros tiene el Viejo Pascuero?” Las carcajadas estremecen la locomoción colectiva. Santa Claus está desprestigiado. Últimamente un nuevo enemigo mina su fama, el Amigo Secreto.
Con el Viejo Pascuero, todos están obligados a regalar a todos. Los regalos deben ser caros, lo más posible. En cambio, el Amigo Secreto subvierte estos principios: “Cada uno hace un regalo y cada uno recibe un regalo”. Se hace el sorteo, al que le toca le toca... Así, cada cual puede comprar con más atención, con más tiempo para buscar y más dinero. Además, siempre existe la alternativa de poner un “techo” de precio a los regalos que se harán entre los participantes. La entrega del presente, la rotura de la incógnita, incluso si no se trata de alguien íntimo, es eléctrica, inevitablemente más personal, ¡siempre peligrosa! Toda persona es un misterio, antes que una obligación. El Amigo Secreto juega con fibras psicológicas, aun eróticas. Penetra en la familia. El Viejo Pascuero rechina los dientes.
- “Estás perdido, Viejo Pascuero”, respondió el Amigo Secreto a un primer insulto. Poco a poco se juntó gente en rededor. “Prometes y no cumples. Cumples, a los niños ricos y a las tiendas, ¡títere! A los pobres, ¡los más!, entusiasmas y engañas. Viejo falso: tienes la barba falsa, usas ropa falsa, prometes, pero como carretonero. Lo único cierto es tu panza, ¡guatón mentiroso!”.
- “¿Acaso das tú la cara?”, replicó el Pascuero. “¡Tú sí que eres pura máscara! Haces como si te dieras a conocer, pero tu secreto es tu tacañería. ¿Ahorrativo? ¡No, avaro! Que así es más democrático, más justo… Na’ que ver. Lo único que te interesa es cumplir y salir del paso. ¡Socialista pa' la foto! Tus amigos chillan si alguien arroja arroz a los novios ('habiendo tanto pobre'), pero ¡cómo se banquetean! ¿Por qué no dejas que la gente regale a quien quiera y haga las fiestas que se le antoje?”.
El Amigo Secreto volvió al ataque: “Tus carcajadas pervierten la Navidad: 'Pascua feliz para todos'. Sustituyes a Jesús por la obligación de hacer regalos a diestra y siniestra. ¡Delpilfarros…!”.
- “¿Qué sabes tú de Jesús?”, la fundamentación religiosa acalora a los contrincantes, al Pascuero más que al otro. “Te dices 'amigo de los pobres', como Jesús. Pero de los pobres que se desclasaron y surgieron quitándole el saludo a los vecinos. Entre ti y las transnacionales del juguete no hay sombra de diferencia”.
- “¡Tú eres el favorito de esas transnacionales, guatón ateo!”, replicó por última vez el Amigo Secreto.
Y esa fue, por cierto, la última vez que habló por una semana. Con una zancadilla, el Viejo Pascuero lo hizo aterrizar de dientes.
La confusión de los niños fue grande. Que el Viejo Pascuero, el Amigo Secreto, Los Reyes Magos, Jesús en el umbral de Belén... Si los papás no entienden nada de nada, ¿qué entenderán sus hijos?
Jorge Costadoat SJ
publicado en Cristo para el Cuarto Milenio, San Pablo, Santiago, 2001.
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lunes, 3 de diciembre de 2007
Los que esperan...
Ahí está -¿cómo no verlo, cuando cae la tarde?- el hombre que espera. La mujer, con el niño en brazos, que espera. El anciano, con el tiempo sobre sus hombros, que espera. El señor del maletín y de los zapatos recién lustrados, que espera. La muchacha que se puso hermosa este día, que espera. ¡Y cómo esperan! Han esperado siempre, a pesar de lo que digan los que nunca han esperado, "que no pueden esperar". ¡Pero sí esperan, esperan todavía, seguirán esperando, ahí, en las esquinas, a la ciudad nueva tantas veces prometida, que nunca llegó!Ya no son paraderos donde esperan. Llamémoslos de una vez por todas "esperaderos", salas de espera abiertas, en plena calle, al descampado. Las nubes pasan sobre sus cabezas, y ellos todavía ahí, esperando, jirones de vida efímera. Pasan los autos veloces, pasan los perros, pasan los días, pasan los gobiernos, pasan las noticias, y ellos esperan. ¡Cómo pasan frenéticos los helicópteros en el cielo, para vigilar las Cumbres de los presidentes, que no soportan esperar a sus pares ni media hora! ¡Cómo pasan los pájaros y las polillas, mientras ellos no pueden moverse de ahí, náufragos en paraderos, islas abandonadas en un mar de promesas!
¡Cómo pasa todo, cómo se va la vida, la belleza de la muchacha que se puso hermosa, cómo se viene la muerte del anciano, cómo se pierde la venta de los calcetines que lleva en su maleta el vendedor, por esperar! ¡Cómo se vacían las miradas de los que esperan, hasta volverse neutras, vacías, al caer la tarde!
¿Y qué esperan? Si les preguntaras, tal vez ya no sabrían decirte qué esperan. De tanto esperar, perdieron la ilusión, incluso la esperanza. Y entonces se pusieron a esperar sin objeto, a esperar solamente, como quien espera nada, ¡como quien espera la muerte!
¡Pero no puede ser que esperen tanto! -te dices, tú que avanzas raudo y ves a los mismos esperar en el mismo lugar, una hora y otra hora-. No puede ser que esperen al alba, al mediodía, al crepúsculo, bajo la lluvia o el sol, un jueves, un lunes, un domingo impune! ¡No puede ser! ¡No puede ser! Un coro griego diría con furia: "¡No puede ser!".
Pero sí puede ser. Ya pudo ser. La tragedia los pilló desnudos, solos, víctimas propiciatorias del gran sacrificio. Los hicieron esperar, y esperaron, y de tanto esperar se les armó una paciencia inédita, se armaron de paciencia hasta los huesos, y se fueron gastando en la paciencia sin límite. Y ahora callan, y esperan. Ya no lloran, no gritan, no patean, no dicen que esperan. Sólo esperan, nada más, como si esperar fuera el único verbo de sus vidas, vidas sin sujeto, habitantes varados ahí en los paraderos de nuestra ciudad.
¿Habitantes, dijiste? ¡Por favor! Di lo que son de verdad: "Esperantes", fantasmas de una espera más real que sus propias vidas.
"Que esperen un poquito más -dice un delegado del gran absurdo nacional-. Sólo un poquito más, y ya verán...". "¿Y cuánto habría que esperar, señor delegado?" "Hay que esperar, pues. De eso se trata, esperar hasta que duela".
Pero, ¿qué haremos con ellos cuando llegue lo esperado y ellos sigan esperando, sin moverse, como postes, como árboles secos, creyendo que hay que seguir esperando, porque sólo esperar saben? No podremos hacer nada. No habrá nada que hacer. Porque las Godot esperadas ya no llegaron.
¿Las Godot? Sí, así las llaman ahora (en homenaje a Beckett, el del teatro del absurdo, gran referente de nuestro Chilepaís, pues...). No las góndolas, no las micros, no las cuncunas, no: las Godot... Y una Godot que se precie de tal nunca llega, o no sería Godot. Así que a esperar se ha dicho, cierren los ojos y verán a una flota de Godot llegar desde el cielo sobre los paraderos vacíos, donde ya nadie -una vez conocida la verdad- esperará nada.
Columna de opinión de Cristián Warnken publicada en El Mercurio el Jueves 29 de noviembre del 2007.
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Sole Del Villar
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