viernes, 29 de junio de 2007

¿Qué tipo de gente vive en los campamentos?


Este miércoles se publicaron los resultados del Catastro Nacional de Campamentos 2007 realizado por en Centro de Investigación Social de UTPCH. Aún quedan en Chile 533 campamentos, 28.578 familias que siguen viviendo en terrenos prestados, sin agua ni luz, allegados, cesantes y discriminados. Personas que a pesar del desarrollo, de los programas, de los esfuerzos y el trabajo no logran acceder a una vida digna. Estas cifras y porcentajes nos hacen volver a las personas, a cada una de las familias que diariamente se enfrentan a esta realidad, ¿quienes son? ¿cómo viven esta realidad? ¿como desenvuelven su vida cotidiana en estas condiciones?



Son osados y aventureros - se cambian de casa sin ver los diarios ni regodearse por los barrios-, o desprendidos por tan poca prenda; prendidos sí son, y alegres y buenos para el hueveo y la fiesta. A veces andan de mal genio y son buenos para gritar, también para hablar. Te cuentan sin pelos en la lengua sus desgracias, porque es pan de cada día o porque el pudor y la vergüenza se olvidan para que no los olviden. A otros es difícil sacarles palabras por las pocas que conocen o porque la timidez no los deja pronunciarlas. Algunos son aperrados y han pasado la vida despertándose temprano, trabajando 12 horas diarias o buscando frustrados trabajos por horas, por semanas, por temporadas, por cuanto sea y por lo que sea. Otros son más cómodos y cuesta sacarlos de la casa, porque de tanto acostumbrarlos a que los saquen ya no salen solos, y poco hay que los convenza que levantarse vale la pena. Muchos cargan cargas cargadísimas, pasados pesados, mucho sueño soñado no más, mejor dormirse de frentón.
En general viven con su pareja y con los niños (los tuyos, los míos y los nuestros), cuando tienen suerte. Muchos no pueden vivir con sus hijos, porque no caben o porque a veces es mejor que no entren. Todos babean por sus cabros chicos, aunque algunos se los dicen poco, porque no saben cómo o tienen poca paciencia. Estos niños más que piropos, escuchan gritos y retos, que son "unos malos", "unos demonios", "unos tontos" y "unos buenos para nada". De a poco se van convenciendo de eso, como lo hicieron sus padres.
La coquetería femenina se lleva o se deja debajo del colchón mientras pasa el invierno o salen del barro, mejor el buzo para andar por la mugre. Algunas mujeres son unas enamoradizas de sus maridos, y esperan que pase rápido el día para conversar y regalonearse de noche. Otras prefieren ver al príncipe azul en las teleseries, en su historia mejor usar la cabeza para no hacer repetir a sus hijos lo que vivieron ellas. Pero muchas veces la historia pesa más de lo que quisieran, y no saben cómo, han llegado a vivir como sus madres.
A algunos hombres les gusta que los atiendan después del trabajo, y antes. Ser servidos después de tanto servir; dueños y poderosos al fin, descargar los reclamos en mandados, después les tocará a ellas con los chicos, y los chicos esperarán a grandes. Conseguir la casa propia es el sueño de todos, el baño en la casa y la primera ducha tiene que durar horas. La plata para la libreta es como el boleto de la lotería, y el juntar fondos un difícil desafío para trabajar en conjunto.
Se agradece comiendo en cantidad, con grandes panes amasados y carbonadas. Critican poco, porque mucho de lo poco que han tenido es malo y sin muchos puntos de comparación es difícil exigir lo justo.
Son algo de eso, de esa, de este, de ella, un poco de ti otro de yo, así de complejos, llenos de contradicciones y de dudas, de miedos y sueños, y buscan como todos, encontrar el amor.



Magdalena Zarhi
Sicóloga educacional
Infocap en Campamentos

lunes, 25 de junio de 2007



lunes, 18 de junio de 2007

¿COMO SERÍA?

Un mundo sin pobreza.
Cada vez que menciono esto a gente que no ha experimentado de cerca el microcrédito, observo dibujarse una media sonrisa que suele ocultar un obvio cinismo o la duda. Incluso los que apoyan el microcrédito ven a veces esto como un "sueño imposible" del que nos servimos para motivamos y alentar a nuestros trabajadores.
¿Se puede concebir verdaderamente un mundo sin pobreza?
¿Cómo sería? ¿Funcionaría?

Un mundo sin pobreza es, para mí, aquel en que toda persona tiene la capacidad de cuidar de sí misma y satisfacer sus necesidades básicas. En ese mundo nadie moriría de hambre ni padecería desnutrición. Los líderes del mundo han proclamado este objetivo durante décadas, pero nunca han establecido una manera de conseguirlo.
En la actualidad mueren 40.000 niños cada hora debido a enfermedades vinculadas al hambre. En un mundo sin pobreza ningún niño moriría por estas causas.
Todo el mundo, en cada región del globo, tendría acceso a la educación y a la salud porque podrían pagarla. Al revés de hoy, al Estado no se le pediría que ofrezca educación y salud gratis o subsidiadas.
Ya no necesitaríamos un Estado para proveer servicios subsidiados para los pobres: podríamos prescindir de él. Así pues, nada de programas de apoyo social, ni agencias locales dedicadas a esto ni un departamento o ministerio nacional para estos servicios. No habría necesidad de limosnas ni de ollas populares ni de cartillas para alimentos ni escuelas gratuitas ni hospitales gratuitos ni mendigos en las calles.
Las redes de protección social del Estado no tendrían razón de existir, porque ya nadie viviría de la caridad, Los programas de seguridad social y los de protección social serían innecesarios.
Las estructuras sociales en un mundo libre de pobreza serían, por supuesto, muy diferentes de las que existen en este mundo lleno de pobres.
Pero nadie estaría a merced de nadie, y esto constituye toda la diferencia entre un mundo sin pobreza y otro en que la hay.
Finalmente, un mundo sin pobreza sería económicamente mucho más fuerte y mucho más estable de lo que es hoy.
El quinto de los habitantes del mundo, que hoy viven en extrema pobreza, se convertirían en personas con ingresos y capaces de gastar dinero.
Generarían una demanda extra en el mercado, que haría crecer la economía. Aportarían su creatividad e innovaciones al mercado para aumentar la capacidad productiva del mundo.
Como nadie nunca volvería a ser pobre, a excepción de lapsos breves, la economía probablemente no experimentaría vaivenes pronunciados. Evitaríamos los ciclos de expansión y depresión y podríamos soportar con mayor facilidad los desastres que produzca el hombre,

Pero incluso en un mundo libre de pobreza donde cada hombre y cada mujer pudiera ganar lo suficiente para hacerse cargo de sí mismo y de su familia habría sin embargo situaciones temporales de pobreza debido a catástrofes o desgracias, a la bancarrota o la caída de una empresa que fracase, a algún desastre o enfermedad personal.
Un mundo libre de pobreza podría ver un grupo de familias, lugares o incluso regiones que un desastre común aflige, como una inundación, un incendio, ciclones, tumultos, terremotos, etc. Pero esos problemas temporales podrían enfrentarse con los mecanismos del mercado, mediante seguros y otros programas de pago a cargo, por supuesto, de empresas provistas de conciencia social.
Siempre habrá diferencias de estilo de vida entre la gente que está a un extremo y al otro de los ingresos de una sociedad. Pero esa diferencia será la que hay entre la clase media y la clase más lujosa. (Tal como en los trenes de Europa sólo hay en la actualidad vagones de primera y segunda clase en los trenes, cuando en el siglo diecinueve también había vagones de tercera e incluso de cuarta -estos últimos sin ventanas.) ¿Podremos crear un mundo libre de la pobreza? ¿Un mundo sin ciudadanos de tercera y cuarta clase, un mundo sin una subclase de hambrientos, analfabetos y descalzos?
Si, podremos, y del mismo modo como hemos creado Estados "soberanos", sistemas políticos "democráticos" o economías de "libre" mercado.
Un mundo sin pobreza no será perfecto, pero será la mejor aproximación a un mundo ideal.

Hemos conseguido un mundo libre de esclavitud, libre de polio, un mundo libre del apartheid; crear un mundo libre de pobreza será un todavía mayor que al mismo tiempo los reforzará.
Y será un mundo en que podremos estar orgullosos de vivir.

Muhammad Yunus, Hacia un mundo sin pobreza
(Editorial Andrés Bello, Santiago, 2003) pp. 391 - 394.

miércoles, 13 de junio de 2007


viernes, 8 de junio de 2007

CONTACTO CON LOS MÁS POBRES

“Educados la mayoría en familias de clase elevada pocos son los que ha podido conocer por sí mismos la realidad de vida del obrero y del labrador, la del oficinista y la de los empleados en los oficios más bajos a sueldo de los particulares o del Estado.

Debemos caer en la cuenta de lo que supone verse humillado toda la vida; hallarse en la más baja condición; ser olvidado o despreciado por muchos; no poder presentarse en público por falta de vestido decente y de educación social; sentirse instrumento con el que otros se enriquecen; ver limitado hasta el pan de cada día y no tener nunca asegurado el porvenir; tener que arriesgar la salud, la dignidad, la honestidad, en un trabajo que excede o que cae muy por debajo de las propias fuerzas; encontrarse días y meses sin trabajo atormentado por la inacción y la necesidad; no poder educar convenientemente a los hijos, sino tener que exponerlos a los inconvenientes de la calle, a la enfermedad, la miseria; tener que ver llorar a muchos de ellos, muertos en la niñez por falta de cuidado competente; nunca gozar de un descanso síquico o corporal digno del hombre y ver, al mismo tiempo, junto a sí, que aquellos por quienes trabajan disfrutan de riquezas y comodidades hasta superfluas, se dedican a los estudios liberales y a las artes nobles, son alabados, acumulan honores, triunfan (…).

Cuenten cuántos son en su patria los privilegiados y cuántos estos desgraciados"

Pedro Arrupe s.j.