“Educados la mayoría en familias de clase elevada pocos son los que ha podido conocer por sí mismos la realidad de vida del obrero y del labrador, la del oficinista y la de los empleados en los oficios más bajos a sueldo de los particulares o del Estado.
Debemos caer en la cuenta de lo que supone verse humillado toda la vida; hallarse en la más baja condición; ser olvidado o despreciado por muchos; no poder presentarse en público por falta de vestido decente y de educación social; sentirse instrumento con el que otros se enriquecen; ver limitado hasta el pan de cada día y no tener nunca asegurado el porvenir; tener que arriesgar la salud, la dignidad, la honestidad, en un trabajo que excede o que cae muy por debajo de las propias fuerzas; encontrarse días y meses sin trabajo atormentado por la inacción y la necesidad; no poder educar convenientemente a los hijos, sino tener que exponerlos a los inconvenientes de la calle, a la enfermedad, la miseria; tener que ver llorar a muchos de ellos, muertos en la niñez por falta de cuidado competente; nunca gozar de un descanso síquico o corporal digno del hombre y ver, al mismo tiempo, junto a sí, que aquellos por quienes trabajan disfrutan de riquezas y comodidades hasta superfluas, se dedican a los estudios liberales y a las artes nobles, son alabados, acumulan honores, triunfan (…).
Cuenten cuántos son en su patria los privilegiados y cuántos estos desgraciados"
Debemos caer en la cuenta de lo que supone verse humillado toda la vida; hallarse en la más baja condición; ser olvidado o despreciado por muchos; no poder presentarse en público por falta de vestido decente y de educación social; sentirse instrumento con el que otros se enriquecen; ver limitado hasta el pan de cada día y no tener nunca asegurado el porvenir; tener que arriesgar la salud, la dignidad, la honestidad, en un trabajo que excede o que cae muy por debajo de las propias fuerzas; encontrarse días y meses sin trabajo atormentado por la inacción y la necesidad; no poder educar convenientemente a los hijos, sino tener que exponerlos a los inconvenientes de la calle, a la enfermedad, la miseria; tener que ver llorar a muchos de ellos, muertos en la niñez por falta de cuidado competente; nunca gozar de un descanso síquico o corporal digno del hombre y ver, al mismo tiempo, junto a sí, que aquellos por quienes trabajan disfrutan de riquezas y comodidades hasta superfluas, se dedican a los estudios liberales y a las artes nobles, son alabados, acumulan honores, triunfan (…).
Cuenten cuántos son en su patria los privilegiados y cuántos estos desgraciados"
Pedro Arrupe s.j.