lunes, 20 de octubre de 2008

El poder de agruparnos

Comparto con uds. algunas reflexiones que surgieron después de los trabajos UTPCH de Centros de Alumnos que se realizaron este fin de semana en la ciudad de San Fernando... Espero sus impresiones, en especial de aquellos que fueron parte de la construcción de esas 7 casas.



Vivimos en una sociedad que tiende a disgregarnos. Nos pone en competencia y nos divide. Y desde chicos nos enseñan que la manera de “ser alguien” ya “hacer algo” en el mundo es ganándole al de al lado. Cuando estamos en el colegio, en especial en tercero y cuarto medio, esta realidad se empieza a hacer más notoria. Se viene la PSU, hay que prepararse para la prueba y todo se convierte en estudiar como enfermos para sacar un buen puntaje y entrar a la universidad. Tanta importancia le damos a esto que dejamos de lado muchos de nuestros compromisos: el grupo scout, la liga de fútbol, la reunión de comunidad, la acción social… Ojala que nadie “nos wuevee” para poder estudiar tranquilos y lograr nuestros objetivos individuales. Entonces, para hacer “lo realmente importante” tenemos que dividirnos, funcionar cada uno por su lado para ser el mejor, ganarle a todos los demás y entrar a la universidad.


En este sentido creo que ser parte de un Centro de Alumnos es una forma muy concreta de ir en contra de ese sistema individualista que nos carcome. En vez de ponernos a competir con nuestros compañeros de curso, nos juntamos para trabajar con ellos y por ellos. En vez de estar solos, trabajamos acompañados. En vez de esforzarnos solo para nosotros mismos, nos esforzamos para los demás. Y nos damos cuenta de que cuando trabajamos unidos, podemos hacer cosas que para una sola persona parecían imposibles. Y que en realidad, somos mucho más fuertes y poderosos cuando trabajamos juntos que cuando nos aislamos. Los estudiantes, cuando se juntan, pueden hacer grandes cosas. En Chile grandes movimientos políticos y sociales han surgido desde agrupaciones de estudiantes secundarios y universitarios. La reforma universitaria de la UC en 1968 y el movimiento pingüino el año 2006 son ejemplos de la fuerza que tienen los estudiantes cuando se unen y como pueden cambiar aspectos que les molestan de la realidad cuando se lo proponen.


Construyendo mediaguas nos acercamos a una de esas realidades que nos molestan y queremos cambiar. La desigualdad, la falta de solidaridad, la miseria en que viven muchos de nuestros compatriotas, las injusticias de las que son víctimas nos duelen y nos impulsan a “hacer algo”. ¿Y porque no hacerlo juntos? Como UTPCH los invitamos a pensar como podemos unir nuestras fuerzas para hacernos cargo de la realidad de nuestro país. No solo preparándonos para ser los mejores profesionales sino sobretodo aprendiendo desde hoy a trabajar en conjunto, a unir nuestras fuerzas en pos de otros, a usar todos los talentos y capacidades que tenemos no solo para nosotros mismos sino ante todo para los demás.



Sole Del Villar

miércoles, 15 de octubre de 2008

En el día del profesor...

Hoy jueves celebramos el día del profesor. La verdad es que dados los últimos acontecimientos nacionales pareciera que no hay muchos motivos para celebrar: mucho paro, mucha movilización, mucho apoyo a la pequeña Música, y poca poca educación. Al menos ese es el sentir de la opinilogía pública.

En este contexto apareció además la nueva panacea de las políticas públicas chilenas. Aquella que tiene deslumbrados a políticos y civiles, y que viene a resolver las desigualdades a nivel de educación, y que pretente para el 2020, que el 20% más pobre de los niños chilenos tenga el mismo nivel de educación que el 20% más rico: Educación2020.

¿Cómo pretende hacerlo? El tema principal de dicha política sería la modificación del Estatuto Docente, estableciendo normas de competencia para los profesores y flexibilizando el ejercicio de la docencia. La cosa es que los profes tengan que ganarse sus beneficios, y no sólo esperar que lleguen por el paso del tiempo.

La idea no es una locura, y es cierto que parece necesario cambiar ciertas condiciones para el trabajo de la querida vieja de matemáticas. Además, mal que mal, por algo el movimiento ha alcanzado un nivel de adherencia muy importante entre gente muy seria (aunque otros no lo sean tanto).

Pero hay algo preocupante, y es que todos los diagnósticos atacan desmesuradamente la labor de los profesores. Pareciera que simplemente basta cambiarles a ellos las reglas para que todo mejore.

Y es que seamos sinceros. ¿Realmente creen que el tema de fondo pasa por el Estatuto Docente? ¿Creen realmente que en 12 años más, un niño que vive en una villa o campamento, sin ningún estímulo al estudio, en condiciones de riesgo social, sin ningún libro en su casa, va a lograr el mismo rendimiento que otr niño en condiciones opuestas, por el sólo hecho de tener el mismo profesor?

No seamos ingenuos. Hasta el doctorado más brillante del país saldría horrorizado de una sala de clases si tuviese que hacerse cargo de un curso de 40 de aquellos pequeños encapuchados. O imagínense lo que sería hacerse cargo de la armoniosa Música, cuando hasta su madre aprueba el lanzamiento del jarrón.

Así que no nos deslumbremos tan fácilmente. Sin duda hay profesores malos, sin duda hay muchos cooptados por grupos de interés, y sin duda que muchos han cometido errores, pero cuidado: les aseguro que son la minoría. El resto son una mayoría silenciosa, que trabaja en condiciones que no alcanzan a ser mínimas; con pocos recursos y malos sueldos, a cambio de muchas horas de clases y pocas horas para prepararlas; con cursos excesivamente grandes, y sin los materiales ni la infraestructura necesaria; sin el mínimo apoyo de los padres de los menores, que parecen entregar toda la responsabilidad de la educación y formación a los profes.

Por eso hay que tener cuidado. ¿Son necesarios cambios? Por supuesto. ¿Hay que generar standares más exigentes para los docentes? Por supuesto. Pero mientras no generemos las condiciones mínimas para eso, no les endosemos toda la responsabilidad y asumamos nuestras propias culpas.

Y mientras tanto, celebremos junto a ellos: ¡FEliz Día Profesores!


Si quieres saber más sobre educación2020

www.educacion2020.cl

http://www.quepasa.cl/medio/articulo/0,0,38039290_101111578_365938381,00.html

viernes, 10 de octubre de 2008

Después del mes de la Patria

Y se fue Septiembre. Y con él, la chicha y las empanadas, la cueca, el baile, las fondas; también las celebraciones posteriores: el 18 chico y el más chico. Se acabó el alegre ambiente, los volantines y el encuentro de todos los que habitamos este País. Se acabó la fiesta.

Y la verdad, es inevitable preguntarse qué es lo que estamos celebrando.

El sentido original de esta celebración, es conmemorar a tantos hombres, héroes, grandes chilenos (aunque no estén todos para la votación), que en un determinado momento decidieron hacerse cargo de su país. Primero, apostando por convertirlo en SU propio país, y no en la última colonia de un gastado imperio en Europa, y luego por darle a ese lugar un destino propio: con sus propios proyectos y esperanzas, en los cuales cupieran TODOS aquellos nacidos en esta tierra, que hasta entonces habían sido marginados de la participación en su propia Patria.

Luego y por extensión, en esta fecha se celebra también a todos aquellos hombres y mujeres que a lo largo de nuestra historia han apuntado en la misma dirección: terminar con las injusticias y segregaciones, apostando a construir un hogar común al cual llamar Patria. Así, políticos e intelectuales; artistas, poetas y músicos; guerrilleros y evangelizadores; sabios hombres cargados de experiencia junto a la fuerza arrasadora de la juventud; famosas caras y anónimas espaldas: TODOS.

Y es precisamente eso lo más terrible luego de sacar las cuentas al terminar este mes: y es que esta conmemoración, la hemos convertido en un espacio para anestesiarnos de lo que realmente ocurre. Luego de despertar de los efectos de la fiesta y la chicha el panorama es complejo: ad portas de una elección municipal, contamos con la partipación histórica más baja de los jóvenes en política; aún existen cientos de campamentos, y la pobreza parece destinada a acompañarnos hasta el fin de nuestra historia; un sistema de transportes que iguala a personas con animales de carga subidos en un camión; una competencia entre nuestros grandes próceres (qué orgullosos estarán de nosotros: ellos luchando por el bien común, y nosotros los ponemos a competir entre ellos), y el duro olvido para aquellas espaldas y manos anónimas que siguen cargando con toda nuestra injusticia y discriminación.

Estamos a 2 años del bicentenario, y yo me pregunto: ¿Tenemos realmente derecho a celebrar?