lunes, 9 de abril de 2007

Presión social y de cercanos inhibe a los jóvenes vivir abiertamente su fe



Ser consecuente con las propias creencias puede significar desde miradas incómodas hasta pérdida de amigos, según algunos. Lo confirma el vicario Galo Fernández.


El año pasado, por haber recibido el sacramento de la confirmación, Paz Crisóstomo (20) perdió varios de sus amigos. "Me dijeron que no se iban a juntar más conmigo porque era demasiado santa para ellos", cuenta aún extrañada.
A José Cumio (20) le pasó algo parecido cuando empezó a integrar un grupo de ayuda social en Peñalolén. "A veces me invitaban a carretear y les decía que no podía porque tenía esta actividad, y me miraban con cara de '¿estás leseando, cierto?' ".
La opinión de los cercanos es un factor que lleva a muchos jóvenes a cohibirse a la hora de vivir su fe. Una situación que se acrecienta luego de egresar del colegio, según aprecia el vicario de la Esperanza Joven, Galo Fernández.
"En la universidad es donde la idea de ser ateo, agnóstico o lejano de la Iglesia se vuelve más fuerte y hasta agresiva. Hay jóvenes que tienen que ser muy valientes para mantener sus convicciones pese a las burlas, críticas y caricaturas", señala el sacerdote.


"Bichos raros"
Isabel Álvarez (22) va a trabajos solidarios cada vez que puede y no falta a misa los días domingo. "En general, no me cohíbo al opinar, pero siempre está la sensación de ser el bicho raro", cuenta.
Las explicaciones para el fenómeno son diversas. Una de ellas es cultural. "Vivimos en un mundo en que prima la búsqueda de placer por sobre la preocupación por problemas humanos profundos. Eso hace que el joven de fe se sienta inadaptado a un medio que le es ajeno", sostiene Pilar Bustamante, psicóloga de la Clínica Santa María.
La profesional asegura que entre los jóvenes hay una falta de vivencias de fe que se debería, en buena medida, a que los padres están dejando la formación valórica en manos de los colegios.
Un diagnóstico avalado por las cifras. Según la Encuesta Bicentenario UC-Adimark, sólo el 30% de los jóvenes de entre 18 y 24 años confía en la Iglesia Católica, la cifra más baja entre grupos etarios. En el mismo estudio, el 80% de los padres católicos declaró querer que sus hijos decidan solos sus creencias, sin su intervención o influencia.
"Cuando se viene de un ambiente de fe desde chica, uno no siente temor. A mí me han respetado siempre mis amigos, porque siempre he sido así", dice Analía Adones (26), quien formó una comunidad en una parroquia de San Joaquín.
La falta de modelos entre los jóvenes es otro factor que detecta Bustamante. "Los grupos rockeros tienen calaveras, sangre o alusiones a la muerte, y los contenidos de los medios son más de una cultura de la muerte que del amor", asevera.
Para el padre Galo Fernández también es relevante incorporar al análisis el grado en que las demandas que implica la educación superior complican la participación de los jóvenes.
Amistad diferente
Gunther Krogh (22) ha dedicado las últimas semanas a preparar los retiros para jóvenes que la parroquia de la Anunciación de Av. Pedro de Valdivia realiza este fin de semana. "Muchas veces la gente piensa que uno pierde tiempo en esto, pero para uno es un trabajo serio, como ir a la universidad", señala.
Eso le ha significado un distanciamiento de varios de sus amigos. Lo que no quiere decir que la fe termine aislando a los jóvenes.
José Cumio, por ejemplo, dice haberse ganado el respeto de sus amigos, entre los que hay metaleros, góticos y anarquistas. "Ellos han conocido de parte mía una amistad diferente, en la cual encuentran apoyo, consejos, la oportunidad de desahogarse, de ser ellos mismos", dice.
Según el padre Fernández, el desafío no es sólo de los católicos, sino de los jóvenes en general, pues enfrentan un mundo en que hay menos propuestas claras de sentido de la vida."Hoy están en juicio los grandes principios de lo sano, bueno y conveniente. Todo es relativo y eso lleva a la desorientación", explica el vicario.


Artículo publicado en Emol.com por Manuel Fernández Bolvarán

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