domingo, 7 de septiembre de 2008

¿Y el hombre dónde está?

Nuestra juventud ha heredado un mundo difícil. Vivimos en un país marcado por grandes orgullos y enormes avances, pero a la vez por profundos dolores que dejan profundas cicatrices en nuestra patria. Avanzamos a paso gigante en la escala internacional: baja corrupción, una economía estable, una institucionalidad firme, grandes avances urbanísticos. Todo ello habla de un país que florece, acercándose a paso decidido hacia el desarrollo.
Sin embargo, se trata también de un país de contrastes. La marginación, la pobreza, la exc
lusión y el clasismo se hacen presentes con igual fuerza que los puentes y carreteras. Así, parece ser que no todos podemos respirar con igual orgullo cuando en nuestro himno se entona aquello que habla de Chile como esa copia feliz del Edén.


Es en este mundo donde los jóvenes hemos venido a caer. Y aún con todos nuestros defectos y pequeñeces, hemos debido como generación, dar respuesta a esta realidad. Así distintas iniciativas sociales han surgido desde los más jóvenes para hacerse cargo de la injusticia y el dolor humano que se engendran en nuestro país. Desde la entrega de desayunos, hasta la construcción de mediaguas, pasando por las misiones, los proyectos culturales y muchos otros proyectos, nos hemos ido haciendo cargo de la construcción de nuestra patria.


Pero a pesar de esto, aún tenemos una deuda pendiente. Nos hemos “acomodado”, y para evitar que otras posturas distintas nos saquen de nuestra cómoda cotidianeidad, hemos optado por dejar de involucrarnos realmente con otros. Así, nos convencimos que aceptar que existan los pokemones, las pelolais y otras tribus urbanas nos hace pluralistas, pero ¿cuánto hacemos por comprender realidades realmente distintas? ¿Cuán dispuestos nos hemos mostrado en rescatar esa pizca de verdad que toda posición contiene?

Es así que todo esto se traduce en una inevitable consecuencia: no sabemos construir en diversidad. No nos dejamos afectar por la realidad de tantas otras personas que al igual que nosotros tienen una mirada particular y propia de nuestro país. No la reconocemos con una visión válida, y por tanto caemos en una lógica que excluye a los diferentes, y que no permite construir algo en común.


Bien lo preguntaba Pablo Neruda en sus alturas de Macchu Picchu. “Piedra en la piedra, ¿y el Hombre dónde estuvo?”.

Así nosotros hacemos lo mismo: mediagua sobre mediagua, campamento sobre campamento, seminario sobre seminario, desayuno sobre desayuno, misión y misión. Pero este trabajo, ¿incluye o no a los hombres que se ven beneficiados por él? Tal como nosotros debemos ganarnos un puesto en la sociedad, con nuestros trabajos y actitudes ¿dejamos espacio para que todos los hombres participen de esta construcción, o simplemente los seguimos sepultando debajo de nuestras mediaguas y construcciones?


La pregunta de fondo es una: ¿Al hombre, dónde lo estamos incluyendo?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

yo creo en el hombre nuevo, en que nuestralucha continua creo q en nuestro trabajo en techo hay una inclusion de las personas muy alegre, creo que son otras personas con mucho poder las q no incluyen ala gente y q creen que dadno plata seva a mejorar la pobreza del hombre, hay uno en especial que queire ser presidente, que habla desuperar pobreza y demejor al pais siendo que el es el causante del endeudamiento de gran parte delos chilenos.
creo q ya muro el impune , y valga la rebundancia murio impune, mmmm creo q en verdad no hayun problema de inclusion existeun problema de atreverse a abrirse alos demas. bueno atrevamosnos a seguir con esta lucha el camino es largo pero silo recorro con el pueblo ami lado y con amor y con ese sentido revolucionario todo es posible no quiero tansformar este foro en una discucion barata depolitic apero p ucha q tiene sentido el juntos podemos + , se abriran las grandes alamedas.. por dodne pasara el hombre del techo construyendo una sociedad mejor El hombre del mañana
El del ayer del siempre
Guardaba en su garganta la simiente

El hombre y su guitarra
Revolución a cuestas
No sabe que le aguarda y desespera

El hombre, el compañero
Depredador de tanto
Vuelve a inventar el sueño con su canto

El hombre, el aguerrido
Decide abrir las alas
Perdiéndose en el limbo de otra sala

El hombre que se abraza
Y asume a la pelea
Descubre la distancia hasta esta tierra

El hombre que se busca
Y logra dar consigo
Prefiere dar a luz a lo sentido

Anónimo dijo...

ya dejaron botado el blog???