El llamado era a morir. A ser los últimos en comer, los últimos en dormir y los primeros en morir. Así comenzaron los “Trabajos de Invierno 2007” de “Un Techo Para Chile” cuyo destino fue, en mi caso, Ovalle.
Cerca de 80 jóvenes de diferentes colegios de Santiago como nuestro San Ignacio, el San Ignacio El Bosque, La Maissonette, Carampangue, Villa Maria y tantos otros, se unieron en esta cruzada solidaria de construir casas para la gente que vive en la pobreza, en campamentos, rodeados de animales, pasando frío y muchas necesidades que se reducen en la mayor parte de las veces a cosas materiales. Es gente que uno ve como “pobres” en el sentido amplio de la palabra y que sin embargo demuestra su riqueza al momento de recibirnos casi como a gente de su propia familia. Sin conocernos, sin prejuicios, sin problemas, abren la puerta de su casa para recibirnos y atendernos.
La construcción de una mediagua parece simple, pero en la práctica puede ser cansador y necesita sobre todo mucha perfección. No es nuestra casa, pero es la casa donde una familia vivirá y por eso debemos poner lo mejor de lo nuestro para construirla. Ni un detalle debía quedar al azar, todo debía estar hecho con sumo cuidado y poniendo lo mejor de sí.
Puede parecer una medida parche, algo que ayudara a la familia a vivir mas dignamente durante los próximos cinco años que dura una mediagua. Pero cuando uno está realmente metido en el tema y lo habla con los demás, se da cuenta de que lo que nosotros vemos como una solución parche, se convierte para ellos en algo propio, que puede significar un paso mas adelante en la búsqueda de la casa definitiva.
Es el cumplimiento de una meta que causa en la mayoría de las familias una catarsis de sentimientos interesante, capaz de emocionar incluso a los hombres jefes de casa, quienes usualmente ponen la cuota de seriedad durante los trabajos.
Es el cumplimiento de una meta que causa en la mayoría de las familias una catarsis de sentimientos interesante, capaz de emocionar incluso a los hombres jefes de casa, quienes usualmente ponen la cuota de seriedad durante los trabajos. Las experiencias anteriores que me han acercado a la pobreza, me enseñaron algunas cosas. Y generalmente cuando uno aprende algo nuevo tiende a pesar que lo sabe todo. Pero en un interesante debate que hicimos con la cuadrilla número dos, en la que yo estaba, salieron a la luz las “mil caras de la pobreza”. Con tantas caras, hay igual cantidad de formas de atacar a la pobreza. Ante esto surge una duda inquietante: cómo hacer para que cada una de las personas que conforman el país abra los ojos y se de cuenta de que si trabajamos todo unidos y bien, podemos acabar con la pobreza y hacer de Chile un país más humano. Construido entre todos. Pero construido a escala humana.
La experiencia vivida en “Un Techo Para Chile” me dejó una gran enseñanza: no puedo ser egoísta ante lo que vi y viví. Es necesario ser como el Padre Hurtado: un fuego que enciende otros fuegos. Silenciar lo que vi y hacer como que no aprendí o no vi nada, sería el equivalente a hacer oídos sordos ante una realidad que pide justicia a gritos. Realidad que no es de unos pocos: es una realidad que debe ser de incumbencia de todos, del país.
Si bien la experiencia no está enfocado a un “terremoto espiritual”, la enseñanza que deja va ligada estrechamente con nuestra capacidad de transformar lo que vemos, lo que hacemos y lo que sentimos para que moldee nuestro espíritu y haga de nosotros seres inquietos ante realidades injustas.
Lo vivido da una espectacular sensación del “deber cumplido” pero al mismo tiempo se convierte en una forma de darse cuenta que hay mucho mas que hacer para conseguir un país construido a escala humana y que se convertiría en una inconsecuencia si lo que hicimos queda como algo del momento: urge ser constante, urge ser conciente y hacer conciencia.
Así contribuiremos todos para que Chile sea realmente un país “a mayor gloria de Dios”.

Jaime I. Alvarez G.
IIIº Medio A.2007.
2 comentarios:
Si no vienes a dar el tiempo
el corazón, la vida,
no desesperes por entrar
porque en tu entrada
comienza tu salida.
Si vienes a buscar el privilegio,
la ocasión mullida,
no desesperes por estar
donde la flor más bella
es una herida.
Este lugar sólo es propicio
para el amor y el sacrificio.
Aquí tienes que ser
el último en tener,
el último en comer,
el último en dormir
y el primero en morir.
La fuerza de la juventud es enorme, ya ven la revolución que provocaron en Educación, sus ideas y su protagonismo esta cambiando Chile, esperamos que el país sea más solidario y se desarrollen políticas sociales que permitan más igualdad, más oporunidades, más solidaridad. Felicitaciones
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