El 21 de agosto de 1969 la UC le otorgó a Pablo Neruda del grado de Doctor Honoris Causa, a petición de los estudiantes, dado su importancia como referente juvenil: algo inédito en la Universidad. De ello quedó constancia en la publicación titulada Palabra de juventud y palabra de poeta (Ediciones Nueva Universidad, Santiago 1969). La palabra juvenil correspondió a Miguel Ángel Solar Silva, Presidente de la FEUC de ese entonces y líder de la reforma universitaria de ese año.
Compartimos con ustedes algunas de estas palabras, que hablan mucho no sólo de la juventud de ese tiempo sino también de lo que vivimos hoy en día y de lo que se espera de nosotros...
“En medio de esta quejumbre colectiva, un chispazo, reducido pero intenso, ilumina el panorama sombrío. Es alguien que se rebela, es alguien que dice: ‘no estoy satisfecho’; es la juventud que toma la ofensiva de la vida. Y el alma colectiva dirige sus ojos -esperanzados algunos, temerosos otros- hacia ese fulgor de vida al cien por ciento. Y en esta patria joven ayer sólo fundada, territorio aún verde, una juventud universitaria, que tiene la edad de la patria, dice NO, dice que el camino que se le ofrece en la Universidad no la conduce a la alegría sino al vacío, y a la complicidad con lo malsano. Y esta juventud toma, físicamente, en sus manos sus lugares de trabajo, sus universidades, y en gesto vivo promete comenzar a romper allí el ciclo de frustración y la desesperanza, y abrir una veta ancha para lo nuevo. La reforma Universitaria se desencadena bajo un mandato irrevocable: conquistarla para el pueblo, colocarla al servicio de los profundos intereses de los trabajadores. Y el joven sale a la calle, proclama sus verdades, llena las páginas de los diarios, salta al primer plano.”(...)
Compartimos con ustedes algunas de estas palabras, que hablan mucho no sólo de la juventud de ese tiempo sino también de lo que vivimos hoy en día y de lo que se espera de nosotros...
“En medio de esta quejumbre colectiva, un chispazo, reducido pero intenso, ilumina el panorama sombrío. Es alguien que se rebela, es alguien que dice: ‘no estoy satisfecho’; es la juventud que toma la ofensiva de la vida. Y el alma colectiva dirige sus ojos -esperanzados algunos, temerosos otros- hacia ese fulgor de vida al cien por ciento. Y en esta patria joven ayer sólo fundada, territorio aún verde, una juventud universitaria, que tiene la edad de la patria, dice NO, dice que el camino que se le ofrece en la Universidad no la conduce a la alegría sino al vacío, y a la complicidad con lo malsano. Y esta juventud toma, físicamente, en sus manos sus lugares de trabajo, sus universidades, y en gesto vivo promete comenzar a romper allí el ciclo de frustración y la desesperanza, y abrir una veta ancha para lo nuevo. La reforma Universitaria se desencadena bajo un mandato irrevocable: conquistarla para el pueblo, colocarla al servicio de los profundos intereses de los trabajadores. Y el joven sale a la calle, proclama sus verdades, llena las páginas de los diarios, salta al primer plano.”(...)
“El joven que no rechace sus sueños sino que madure; que no rechace su dolor, sino que asuma; que no se ensimisme en su yo, sino que utilice sus manos para trabajar, ese joven será apto para el ejercicio de la libertad. El mito de la juventud nos trata de convencer que somos libres a través de la falacia de la ideología individualista que centra toda la libertad en la permanente posibilidad de elegir, en el poder hacer lo que se quiera. Digámoslo de una vez: es cierto que tenemos amplitud donde escoger, pero la libertad sólo existe cuando esa posibilidad se usa, cuando se elige, cuando sometemos la vitalidad a un llamado, a un designio, a un Señor. Y se es más libre mientras mayor sea el Señor, que enseñoreándose sobre nuestras vidas, nos haga crecer. Para algunos el Señor será el dinero; para otros, el prestigio o el poder; para los soberbios, el Señor serán ellos mismos. Para los hombres justos de todas las épocas, el Señor son los hombres, es el prójimo, es el necesitado, el hambriento, el enfermo, el explotado. El Señor de la historia – el mayor—es el pueblo que dolorosamente trabaja transformando la tierra, construyendo el reino del hombre, la ciudad de Dios. Hoy se llama campesino, artesano, empleado, trabajador, proletario, mujer del pueblo” (...)

1 comentario:
¡Increibles las palabras de Miguel Angel Solar Silva!.
Es ese el prototipo de persona al que debemos aspirar llegar a ser. Personas de corazón, justo y noble, que tomen en sus manos el rumbo de sus vidas y el rumbo de la sociedad.
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